lunes, 31 de marzo de 2008

El pisito


Ficha técnica

• Año: 1959.
• Duración: 87 mins.
• Nacionalidad: España.
• Género: Comedia negra.

Ficha artística

• Directores: Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry.
• Guión: Rafael Azcona y Marco Ferreri.
• Reparto: Mary Carrillo, José Luis López Vázquez, Concha López Silva, Celia Conde, José Cordero, Ángel Álvarez, Maria Luisa Ponte, Andrea Moro.
• Música: Federico Contreras.
• Fotografía: Francisco Sempere.
• Producción: Documento Films.

Sinopsis

Rodolfo y Petrita llevan doce años de relaciones. Para casarse necesitan un piso y no hay forma de encontrarlo. Rodolfo es realquilado de doña Martina, una anciana a punto de morir, y el casero está deseando que deje libre la vivienda para derribar el edificio. Algunos aconsejan a Rodolfo una solución heroica: debe casarse con doña Martina y esperar lo poco que le queda de vida para heredar el alquiler. Rodolfo se resiste, pero cada vez con menos fuerza.

Crítica

El pisito narra una historia real de un hombre que consintió casarse con la vieja que le realquilaba el cuarto para poder heredar el piso y así cumplir el sueño dorado ( institucional) de casarse con su novia de toda la vida. Cinematografía adulta, exenta de clichés.
La negrura tremebunda de la España del sabañón y del café con hambre que Azcona y Ferreri plasman en El pisito parece a la luz del ahora un retrato costumbrista, pintoresco, un abigarrado novelón de la vida de nuestros abuelos que no tiene vigencia en estos nuevos tiempos, pero la actualidad nos desmiente como quiere y los rotativos de las agencias de información vomitan titulares que podrían atribuirse, sin esfuerzo alguno, a la España de aquella posguerra.
Lo que hace Azcona como nadie ha hecho en el cine español es escribir con la mala leche en la punta del bolígrafo o las teclas de las pesadas Underwood de entonces. Azcona se aleja del paisajismo tópico de exaltación de lo militar y de lo patriótico en el que estaba el cine aburrido y ahogado para hacer unos argumentos destornillantes, líricos y hermosos en su descarnada visión de la pobreza del hombre y del consentimiento popular de unas estrecheces morales y económicas que ocasionaban lo que Valle-Inclán, unos años antes, bautizó como Esperpento.
Todo se desmenuza con la prosa clásica del sainete y entre chiste y chascarrillo cuela Azcona un puyazo sangriento al censor, esto es, a la conciencia de un país que salía como podía de una guerra y que se dejaba embaucar por un tablao flamenco nutrido y alegre, manifestación antológica de nuestra cultura patria y simpar icono de cuanto de nosotros se pensaba allende Los Pirineos.
Berlanga, Bardem, Neville y Ferreri conformaron una cinematografía adulta, exenta de clichés y totalmente exportable a la manera del neorrealismo italiano que hacía tres cuartos de lo mismo pero con una pléyade más nutrida de disidentes del Régimen, de artistas preocupados por la política y que veían en el cine un vehículo idóneo para desahogarse un poquito y, de camino, dar que pensara algún ciudadano cómplice en la historia.
Al modo de 13, Rue del Percebe, cómic ejemplar en todos los aspectos, Ferreri abre su cámara a muchos personajes: no se deja llevar por las pericias dramáticas de Rodolfo, el novio-esposo-viudo que interpreta formidablemente un nunca bien ponderado José Luís López Vazquez. Lo que hace Ferreri es darnos una información adicional enorme en cada plano: no ocurre una única cosa sino que son varias y todas tienen lecturas que afectan a la principal, por decirlo de alguna forma. Ferreri huye de los planos cortos y obra prodigios cuando, mudamente casi, planta la cámara en el centro de la acción narrativa y deja que los personajes vayan atropellándose, ocupando el espacio, creando una representación coral riquísima que luego ha sido triunfalmente copiada por otros directores para evidenciar, como Ferreri, la espesa imbricación de varias tramas que se yuxtaponen, sin oponerse, para crear la trama unívoca que creemos estar viendo. Azcona, que luego hizo El cochecito, El verdugo, Plácido, La prima Angélica, La escopeta nacional, La niña de tus ojos, Belle Epoque, La lengua de las mariposas y Ay, Carmela, es el maestro del distanciamiento: sus personajes pueblan las líneas de sus obras y no hay signo que pueda entenderse como marca de autor: Azcona se limita a plantar su universo de clase media, sus escaleras de vecinos, y acelerar, como si de un reloj de muñeca se tratase, los mecanismos antiquísimos de la comedia, del humor negrísimo, que es el verdadero, quizá el más serio de todos.
La idiosincracia del pueblo español de entonces no se queda en la plasmación de unos referentes sociales: Ferreri y Azcona van más lejos y hurgan en donde más duele a la clase biempensante y detentadora del Poder. Hacen hilaridad de la muerte, del matrimonio. Evidencian con genio que vivir en España entre el año 40 y el 70 era una heroicidad que no paliaban las divas de la copla y las historias rurales de botijo y de novio que habla con la novia a través de una reja.
La pobreza anula la ética. La necesidad de una vivienda, nunca antes tan manifiesta en el cine, propicia que la moralidad se alíe con el interés. De resultas de este maridaje nace el ingenio, la trampa, la estampa graciosa de la fealdad. (muchocine.net)

EL DIRECTOR Y EL GUIONISTA: CUANDO FERRERI ENCONTRÓ A AZCONA

Marco Ferreri entró en el mundo del cine a través de los cortometrajes publicitarios. Más tarde, se dedicó a la producción. En España conoció a Rafael Azcona, con el que colaboró en Los chicos en 1958, El pisito en 1959 y El cochecito en 1960, tres comedias marcadas por un feroz sarcasmo antiburgués. En Italia siguió rodando su L’ape regina en 1962, una sátira anticatólica que fue censurada debido a la crítica que hacía a la institución del matrimonio. En Se acabó el negocio, de 1963, habla sobre las relaciones entre los sexos dominadas por la explotación del más débil, con el final también censurado. En 1967 realizó el cuento antimachista El harén. Sin embargo, la que se cosidera su obra maestra es Dillinger ha muerto, de 1969, un ensayo sobre la soledad del hombre contemporáneo en la sociedad capitalista. En 1970 rodó la triste alegoría sobre el futuro El semen del hombre, un cuento kafkiano anticlerical, y en 1971, La audiencia. En 1975 realizó una surrealista relectura de la derrota del general Custer en Little Big Horn llamada No tocar a la mujer blanca. Pero cuando alcanza de nuevo la cumbre es gracias a la adaptación del cuento de François Rabelais La gran comilona, de 1973, que anticipó la furia iconoclasta del Saló o los 120 días de Sodoma de Pier Paolo Pasolini. También ha dirigido La última mujer en 1976, La casa del sorriso en 1988 y homenajeado el cine que ya no existe en Nitrato d’argento en1995.Rafael Azcona nació en Logroño el 24 de octubre de 1926 y falleció el pasado 24 de marzo de un cáncer de pulmón. Comenzó su carrera como novelista y participó en varias revistas de humor. En 1959 adaptó, a modo de colaboración, para la gran pantalla la novela de El pisito, y ahí comenzó su fructífera carrera como guionista. Azcona volvió a adaptar otras dos novelas, El cochecito y El secreto de los hombres azules, y en 1961 Luis García Berlanga dirigió su primer guión propio, Plácido.
También trabajó con Carlos Saura (La prima Angélica o ¡Ay, Carmela!), Luis García Berlanga (El verdugo o La vaquilla), Fernando Trueba (El año de las luces, Oso de Oro en el Festival de Berlín, o Belle époque, Oscar de Hollywood a la mejor película extranjera), y José Luis García Sánchez (La corte de faraón y Tranvía a la Malvarrosa). Es autor de varios libros, entre los que se encuentra El Estrafalario o Vida del repelente niño Vicente, sobre las aventuras de este personaje que inventó en su época de La Codorniz.
Rafael Azcona ganó el Premio Nacional de Cinematografía en 1982, la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1994 y el Goya de honor en 1998. Por sus guiones, Azcona ha ganado cinco Goyas: El bosque animado (1988), Ay, Carmela! (1991) Belle Époque (1993), Tirano Banderas (1994) y La lengua de las mariposas (2000).

jueves, 27 de marzo de 2008

Homenaje a Rafael Azcona

Como seguramente sabéis, el pasado lunes falleció Rafael Azcona, conocido como guionista, pero que también fue director, poeta y amante de las letras en general.
Desde el cineclub, queremos darle las gracias por todo lo que ha creado con un pequeño homenaje. Así, esta semana os proponemos tres películas de las que fue guionista, en primer lugar, "El pisito" de 1959, en segundo lugar "El verdugo", de 1963 y para terminar, la oscarizada en 1993, "Belle époque".
Una vez más os invitamos a formar parte de la historia de este cineclub eligiendo la próxima proyección, y por supuesto, disfrutando de la peli con nosotros.
Un abrazo a todo el mundo

lunes, 17 de marzo de 2008

COCALERO

Ficha técnica

• Año: 2007.
• Duración: 86 mins.
• Nacionalidad: Bolivia.
• Género: Documental.

Ficha artística

• Director: Alejandro Landes.
• Guión: Alejandro Landes.
• Música: Leo Heiblum, Jacobo Lieberman.
• Fotografía: Jorge Manrique Behrens.
• Producción: Coproducción Bolivia-Argentina; Fall Line Films.

Sinopsis

Cocalero desvela el enigma de Evo Morales, el indígena Aymara con tintes populistas que logró conquistar la presidencia de Bolívia gracias al apoyo de los campesinos cocaleros.

Crítica

LA LLEGADA AL PODER DE UN SUJETO COMÚN
Esta propuesta de Alejandro Landes es algo más que un documental clásico. Cocalero es un recorrido acerca del ascenso al poder del presidente boliviano Evo Morales. Landes acompaña cámara portátil en mano, a Evo en múltiples lugares de su país, en actos políticos, en la intimidad con sus compañeros y amigos, en los duros enfrentamientos con la derecha y los militares en cada exposición mediática.
Al principio, Cocalero parece un documental más... Pero con el devenir del derrotero nos damos cuenta que Landes logró captar algo histórico: la llegada al poder de un sujeto común, fuera del stablishment tradicional aristocrático boliviano y el fenómeno popular que fue para ese pueblo lograr ese hecho.
Desde el punto de vista de la edición del recorrido, éste está plagado de momentos divertidos, (el chiste que le hace Evo a la dirigencia militar sobre el respeto a las jerarquías es antológico sobre todo en el contexto en el que se da!!), ofrece muchos espacios para el descanso y la reflexión (los comentarios de la candidata a Senadora suplente ladera de Morales son muy interesantes) y hay suficiente claridad en el panorama que muestra de la sociedad. Quizás Landes no supusiera en ese momento que su material tendría un valor histórico y trascendental por la conyuntura que atravesarían, pero lo cierto es que esta propuesta contiene muchos elementos de interés que la acercan a ser un producto más masivo que otras tradicionales del género.
Más allá de tu ideología política, Cocalero intenta graficar el instante previo a la consagración de un líder popular, pero no cualquier líder, sino un ciudadano de origen aymara socialista que por primera vez en la historia de América Latina llega a presidente sustentando valores de integración y respeto por las pluraridades que existen en su tierra y con la cuantiosa tarea de reinsertar a Bolivia a un marco de estabilidad económica que necesita con urgencia. Bien por Landes (quien ahora reside en Buenos Aires), muy inteligente la gente de Hoyts por incluirla en su programación (tuvo mucho impacto en el BAFICI de este año) y felicitaciones a la gente del INCAA Tita Merello por su equipo de proyección nuevo (no lo conocía) y la calidad de imagen con la que reproduce en un tamaño aceptable la copia DVD que tenía. Un producto muy interesante para conocer más sobre política, raíces y hermandad, Cocalero, gran debut de Landes... (Por Mágico)

>>>> Desde su estreno en el Festival de Sundance, allá por enero de este año, hasta la actualidad donde distintas iniciativas cinematográficas de Argentina y Uruguay le dan un espacio, Cocalero ha recorrido mucho camino. Un camino distinto al que transitan la mayoría de las películas, que pasó casi desapercibida durante los estrenos comerciales de distintos países pero que, en silencio, fue construyendo buenas críticas.
Cocalero fue exhibido en el XXII Festival Internacional de Cine de Guadalajara (México), el XXII Festival Internacional de Mar del Plata (Argentina), el Miami Film Festival (Estados Unidos) y el XXIII Festival de Cine Independiente (Argentina), entre otros.

EL DIRECTOR: Alejandro Landes

Nacido en São Paulo, Brasil, en 1980, de madre colombiana y padre ecuatoriano, el director Alejandro Landes creció en Ecuador, pero tuvo su formación universitaria en Estados Unidos.
Espíritu inquieto, fue allí donde comenzó a trabajar para una cadena local y, luego de participar en la producción de Oppenheimer presents, (programa televisivo de la tevé americana), empezó a sentirse atraído por la figura de un hombre que aspiraba a ser el primer presidente indígena de Bolivia. Tal fue el impacto que le causó Evo Morales, que el realizador no dudó en viajar a aquel país y proponerle al entonces candidato presidencial seguir su campaña, que finalizaría con su triunfo y ascenso al poder. El resultado de ese seguimiento es el documental Cocalero, hasta la fecha su única cinta como director.

viernes, 7 de marzo de 2008

Cesión de uso

El próximo martes 11 el Cineclub la Dolce Vita cede su espacio al Aula Forestal que, por su parte, el mismo día y a la misma hora proyectará una serie de "documentales ecológicos" para celebrar la Semana Forestal Mundial.
La programación es ajena al cineclub, no obstante, os invitamos a que acudáis.
Saludos*

miércoles, 27 de febrero de 2008

Arranca el Ciclo de Cine Iberoamericano

La semana que viene el cineclub La Dolce Vita inaugura el Ciclo de Cine Iberoamericano, que comprenderá la proyección de tres cintas presentadas a la última edición del festival de Huelva. Para ir abriendo boca, aquí tenéis una información sobre la peli que proyectaremos el martes 4 de marzo. (Esta semana, por tanto, no habrá votaciones).

‘LA ANTENA’, CINE EXPRESIONISTA ARGENTINO DEL SIGLO XXI

Sin diálogos hablados apenas, en blanco y negro y con trucajes que emulan a los pioneros del cine, el filme argentino "La antena" llevó al Festival de Cine Iberoamericano de Huelva y al de San Sebastián una actualización del expresionismo alemán erigida en una de las propuestas más. 

"La intención es poner al espectador frente a algo totalmente diferente y que tiene mucho que ver con el lenguaje puro del cine. Es proponer un viaje y un juego", declaró el director Esteban Sapir (Buenos Aires, 1967).
"La antena" es una fábula sobre una ciudad dominada por la televisión y cuyos habitantes han perdido el habla, en una narración donde la imaginación visual asume un papel esencial. El tema "es la comunicación y cómo los medios audiovisuales influyen en las propias ideas de las personas", dijo el cineasta. 


El filme "es muy particular y lo fue también la concepción. Soy fotógrafo básicamente y lo que me interesó era expresar con imágenes puras. La película surge a partir de un diseño de imagen, no de un guión", dijo Sapir sobre su segundo largo tras "Picado fino" (2004). 


La formación visual de Sapir, cuya productora LadobleA realizó cientos de comerciales y videoclips, así como un documental sobre una gira de la cantante colombiana Shakira, es patente en la cinta, que imita la imagen vetusta del cine mudo pero actualizada. 


"Me interesa mucho el lenguaje del cine mudo, la película es una suerte de reinterpretación llevada a la actualidad, fusionada con elementos del cómic, elementos gráficos y mucho collage", comentó. 


Entre las referencias más evidentes están el cine expresionista alemán, con Friedrich Wilhelm Murnau y Fritz Lang a la cabeza, así como el cine surrealista de Luis Buñuel. 


"La antena", exhibida el pasado junio en el Festival de Karlovy Vary, es "como un gran homenaje" repleto de "planos-idea”. Por ello, la trama "es muy simple, para que todas esas ideas visuales funcionen y que por debajo de la historia superficial haya un relato paralelo, dado por las asociaciones de imágenes y la utilización de símbolos. Eso establece un diálogo con el espectador que va más allá", agregó. 



Celuloide antiguo y elementos retrofuturistas
El homenaje a los pioneros del cine mudo incluye la imitación de sus trucajes a base de espejos, perspectivas falseadas y sobreimpresiones de negativo, aunque para ahorrar tiempo se recurrió a emularlos por medios digitales. "Mi intención era hacer trucas ópticas", pero "hubiera tardado un año en hacer la película", apuntó el cineasta. 


Por ello, la cinta se rodó en súper 16 milímetros y luego se digitalizó para hacer trucajes y darle la textura de celuloide antiguo, incluidos los parpadeos y ralladuras propios de las películas de hace ocho decenios. 


Otra clave del rico mundo visual del filme es la dirección artística, a cargo de Daniel Gimelberg, que construye un mundo sin edad ni lugar definidos y plagado de símbolos y referencias. "Crear un mundo verosímil para que la historia funcionara fue lo que más costó. Se usaron elementos de diferentes épocas, hay mezcla de cosas de los años 20, los años 50, un poco retrofuturista. Daniel se inspiró en edificios de Nueva York y Buenos Aires, que trasladó a una ciudad medio de juguete", refirió Sapir. 


También destacan las cartelas en las que en el cine mudo se escribían los diálogos, y que Sapir usa como elemento superpuesto a la imagen, a guisa de bocadillos en las viñetas de una historieta, y como elemento expresivo, al igual que en el manga o cómic japones. 


"Es un elemento metalingüístico de la película, que utiliza parte de su propio lenguaje como elemento casi protagónico, un texto que interactúa con los personajes y es expresivo en función de ellos", enfatizó el director. (EFE)

martes, 26 de febrero de 2008

BLOW UP

La película

Ficha técnica
• Año: 1966.
• Duración: 108 mins.
• Nacionalidad: Gran Bretaña.
• Género: Drama-intriga.
Ficha artística
• Directores: Michelangelo Antonioni.
• Guión: Tonino Guerra y Michelangelo Antonioni,
basado en el cuento de Julio Cortázar.
• Reparto: David Hemmings, Vanessa Redgrave,
Sarah Miles, Peter Bowles, Jane Birkin, Gillian Hills
y Verushka.
• Música: Herbert Hancock (AKA Herbie Hancock).
• Fotografía: Carlo Di Palma.
• Producción: Bridge Films. Distribuida por MGM.
Sinopsis
Adaptación de un cuento de Julio Cortázar que narra la historia de un fotógrafo que, tras realizar unas tomas en un parque londinense, descubre al revelarlas una forma irreconocible que resulta ser un cadáver.
Una de las películas más aclamadas de Antonioni, premiada en el Festival de Cannes con la prestigiosa Palma de Oro.



Crítica

UN FILM LIGADO AL TIEMPO EN EL QUE FUE HECHO
La critica siempre se mostró dividida ante esta película. El sector más radical izquierdista de mediados de los sesenta no supo ver más allá de sus narices que la obra de Antonioni tenía un valor y un poder especial y sobre todo trataba unos temas igual de interesantes que los de sus defendidos padres neorrealistas.
El hecho de que Antonioni reflejase estatus sociales superiores en sus películas y filmase sus angustias vitales y los entresijos de sus pensamientos o que se interesase por una clase social alta a la hora de mostrar sus vidas y sus cotidianos quehaceres no le restaba importancia ni interés a su obra cinematográfica, sino que le añadía una característica que otros pocos podrían hacer sobresalir. Blow-Up es un film íntimamente ligado al tiempo en el que fue hecho: Londres, mediados de los 60, basado en un cuento de Julio Cortázar de quien Antonioni toma sólo la idea: un fotógrafo profesional descubre al revelar y ampliar un carrete de fotografías algo que a simple vista no había sido capaz de ver. En el relato de Cortázar la pequeña historia y su significado es completamente distinto al del film de Antonioni, pero, ¿cuál es el significado del film? “Necesitaré al menos otro film para explicar Blow-Up” dice el director en Cannes.
Si esta película, aparentemente, se despega de la obra anterior de Antonioni, lo hace sólo espacialmente, volando de Italia a Gran Bretaña, pero, en el fondo vuelve a ser una recreación de la misma, de los mismos elementos que definen la obra de este autor, desde ángulos distintos, tal vez más simples, y por tanto, más comprensibles.
Ata mejor los cabos del discurso y aunque la trama y su fin quedan abiertos a la interpretación, todo su desarrollo formal sigue y mejora las pautas ya vistas en sus anteriores películas.


Blow-Up es el reportaje vivo visto por los ojos del director italiano. A través de un héroe, el fotógrafo, captamos la ciudad, el sentido de sus gentes, su forma de vida, el significado de sus más apartados rincones. Desgraciadamente, el éxito de la película se debe más a los trazos de la época que simultáneamente registraba del ambiente del “Swinging London”, con las debidas dosis de sexo, drogas y rock and roll, el glamour de los estudios fotográficos repletos de bellas modelos, los meandros artísticos pop y el fenómeno del movimiento mod, que a esa interrogación formal sobre la imagen.
Lo fundamental ocurre en ese combate que el protagonista establece con el objetivo fotográfic (en algunas interpretaciones del relato de Cortázar se habla incluso de una historia contada por el objetivo de la cámara fotográfica) y la disección de las imágenes a la que se dedica de ampliación en ampliación. El carácter ambiguo de la imagen como instrumento del conocimiento de la realidad es lo que se juzga. Antonioni le llamó a éste “un film zen”, un film que se explica o se presta a muchas interpretaciones en la medida en que esta inspirado en la problemática de la apariencia de la realidad.
El juego entre la verdad y la fantasía, lo que fue y lo que pudo haber sido, lo que sucedió de verdad o lo que tal vez no sucedió nunca; ese extraño camino por el que deambula el protagonista durante 24 horas, de un amanecer a otro, enmarcado en la fantasmagórica presencia de un grupo de extrañas gentes de rostros pintados de blanco, será uno de los mensajes más profundos que el cine nos haya dado. Ese juego final donde el protagonista acaba por intervenir para, después, disolverse y dejarnos la amargura de no saber si realmente hemos llegado a conocer o ha sido tan sólo un espejismo.
Blow-Up tuvo una gran influencia en las generaciones de cineastas más jóvenes, ésta se hizo notoria más adelante en películas como La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola y en Impacto (1981) de Brian De Palma.


El director

(Ferrara, 1912). Tras colaborar en un guión de Rossellini y trabajar como ayudante del director Marcel Carné, Michelangelo Antonioni rueda su primer cortometraje, el documental Gente del Po (1943-1947). Más tarde, debuta en el largometraje con Diario di un amor robado (1950), agudo análisis de la crisis de una pareja. Siguen La signora senza camelie (1952), dura descripción del mundo del cine, y Las amigas (1955), angustiosa adaptación de la novela de Pavese Tra donne sole. En estos trabajos ya se perfilan claramente cuáles serán los temas del director de Ferrara: la dificultad para establecer relaciones auténticas entre las personas, la imposibilidad de comprender la realidad, y el desarraigo de los individuos ante una sociedad neocapitalista, fría y deshumanizada.
En las películas siguientes, Antonioni se aleja de la simple crónica neorrealista, abandona los ambientes burgueses y empieza a narrar el malestar existencial en el mundo proletario. Rueda El grito (1954), que describe la trágica historia de un obrero que responde con el suicidio al dolor provocado por el fin de una relación amorosa.
A continuación, Antonioni realiza La aventura (1960), La noche (1961), La eclipse (1962) y El desierto rojo (1964), películas con las cualesrenueva con ímpetu el cine italiano, tanto en los contenidos como en la forma. Bajo la apariencia de historias policíacas atípicas, sus protagonistas femeninos describen la pérdida, la derrota, el desasosiego; en resumen, todo aquello que el mismo Antonioni define como “incomunicabilità”. Sin embargo, Antonioni no siempre es capaz de controlar la materia que trata, quizás por ser demasiado instintivo o por disponer de una amplia cultura que le impide concentrarse.
En cualquier caso, sus películas son desiguales y, al lado de éxitos indiscutibles, como El grito, rueda obras caducas, que repiten los temas y las situaciones anteriores, con diálogos que rozan el ridículo.


Las películas siguientes, caracterizadas por una belleza aparente y excesivamente vistosa, repiten estos resultados desiguales: Blow up, Deseo de una mañana de verano (1966) se rueda en Londres y narra una peculiar historia llena de símbolos fáciles y anacronismos del Swinging London; Zabriskie Point (1970) se rueda en EE.UU. y representa una curiosa alegoría sobre los jóvenes y la contracultura, vistos por la mirada apocalíptica de un director de tramoya. En El reportero (1972) volvemos a encontrar la antigua maestría de Antonioni. En cambio, sus dos películas siguientes, El misterio de Oberwald (1980) e Identificación de una mujer (1982), son una apostilla repetitiva.
Con la perspectiva actual, el cine de Antonioni se nos presenta irremediablemente efímero: sin seguidores que hayan sabido desarrollar los aspectos menos caducos de su lección (como el uso innovador del lenguaje cinematográfico y la lucidez desesperadamente laica de su mirada), su filmografía es solamente el estéril testimonio de una personalidad inconfundible, para el bien y para el mal. El venerado realizador italiano falleció a los 94 años, horas después que otro grande del cine europeo: Ingmar Bergman.
la película se debe más a los trazos de la época que simultáneamente registraba del ambiente del “Swinging London”, con las debidas dosis de sexo, drogas y rock and roll, el glamour de los estudios fotográficos repletos de bellas modelos, los meandros artísticos pop y el fenómeno del movimiento mod, que a esa interrogación formal sobre la imagen.
Lo fundamental ocurre en ese combate que el protagonista establece con el objetivo fotográfico (en algunas interpretaciones del relato de Cortázar se habla incluso de una historia contada por el objetivo de la cámara fotográfica) y la disección
de las imágenes a la que se dedica de ampliación en ampliación. El carácter ambiguo de la imagen como instrumento del conocimiento de la realidad es lo que se juzga. Antonioni le llamó a éste “un film zen”, un film que se explica o se presta a muchas interpretaciones en la medida en que esta inspirado en la problemática de la apariencia de la realidad.
El juego entre la verdad y la fantasía, lo que fue y lo que pudo haber sido, lo que sucedió de verdad o lo que tal vez no sucedió nunca; ese extraño camino por el que deambula el protagonista durante 24 horas, de un amanecer a otro, enmarcado en la fantasmagórica presencia de un grupo de extrañas gentes de rostros pintados de blanco, será uno de los mensajes más profundos que el cine nos haya dado. Ese juego final donde el protagonista acaba por intervenir para, después, disolverse y dejarnos la amargura de no saber si realmente hemos llegado a conocer o ha sido tan sólo un espejismo.


Blow-Up tuvo una gran influencia en las generaciones de cineastas más jóvenes, ésta se hizo notoria más adelante en películas como La Conversación (1974) de Francis Ford Coppola y en Impacto
(1981) de Brian De Palma.

lunes, 25 de febrero de 2008

Herbie Hancock


Herbie Hancock (Chicago, 12 de febrero de 1940), pianista, teclista y compositor estadounidense de jazz. Excepto free jazz, ha tocado prácticamente todos los estilos jazzísticos surgidos tras el bebop: hard bop, fusión, jazz modal, funk jazz, jazz electrónico, etc.; en 2005 publicó el disco Possibilities, en el que se aproxima también a la música de baile.
Se trata de una de las figuras que más opiniones encontradas suscita dentro del jazz contemporáneo. Es un artista inquieto estilísticamente que se ha dejado influir por casi todas las tendencias musicales de la segunda mitad del siglo XX. No obstante, el estilo pianístico y de teclado de Hancock son completamente suyos, con su propios rasgos armónicos urbanos y complejos, y sus ritmos particulares. Habiendo estudiado ingeniería, Hancock estuvo siempre perfectamente preparado para la era electrónica: fue uno de los primeros maestros en el piano eléctrico Rhodes y en el clavinet Hohner. En todo caso, el piano ha sido siempre su instrumento preferido.
Fue autor de dos de las composiciones jazzísticas más populares de la historia, "Watermelon Man", primer corte de su disco de debut Takin' Off (1962), que arrasó en las emisoras de rhythm and blues en la versión de Mongo Santamaría, y "Cantaloupe Island", que 32 años después de su creación tendría un gran éxito popular cuando el grupo de hip hop británico US3 la sampleó.
Hancock ha reconocido a Miles Davis como su músico preferido porque "defendía el principio básico del jazz, que consiste en tocar el momento, no el pasado".



Reseña biográfica


Aprendió a tocar el piano a la edad de siete años y pronto se convirtió en un prodigio, tocando como solista el primer movimiento de un concierto para piano de Wolfgang Amadeus Mozart a los once años con la Orquesta Sinfónica de Chicago. Tras estudiar en el Grinnell College (época en la que escucha a Oscar Peterson y Bill Evans), Hancock fue invitado en 1961 por su descubridor Donald Byrd a unirse a su grupo en Nueva York; más tarde, Blue Note le ofreció un contrato individual. En su álbum de debut, Takin' Off grabó la canción Watermelon Man (‘el hombre sandía’), que anteriormente había sido tocada por el gran percusionista Mongo Santamaria
En mayo de 1963, Miles Davis le pidió que se uniese a su banda para las sesiones de Seven Steps to Heaven; se quedó con él durante cinco años, lo que le hizo perder parte de su estilo en favor de una absorción de las directrices musicales de Davis (importancia del silencio y el espacio, concepto del tempo como algo esencial al jazz), quien incluso le sugirió pasarse al piano eléctrico Rhodes. Por su parte, Hancock aportó a la música de Davis un sonido amplio, audaz y a la vez agradable, con marcadas raíces en el blues. Durante esa época, su carrera en solitario con Blue Note siguió adelante, destacando con cuatro sofisticadas composiciones: Maiden Voyage (en su disco homónimo), Cantaloupe Island, Goodbye to Childhood y Speak Like a Child. Tocó también para el productor Creed Taylor y compuso la banda sonora para la película Blow Up de Michelangelo Antonioni, Empyrean Isles (1964), que le abrió las puertas a futuras colaboraciones con el mundo del cine.
Hancock participaría en In A Silent Way y Bitches Brew, discos originarios de la fusión jazz-rock.
Abandonó a Davis en 1968 y grabó un disco de funk, Fat Albert Rotunda; en 1969 formó un sexteto que causó sensación. Fuertemente empapado de la era electrónica, añadió a su piano eléctrico y a su clavinet el sintetizador de Patrick Gleeson, y las grabaciones se volvierón más complejas rítmicas y estructuralmente, creando su propia visión de la vanguardia.
Hacia 1970, añadió a su nombre, como otros muchos músicos de jazz, su nombre africano: Mwandishi. Disolvió su banda en 1973 y, tras estudiar budismo, decidió que su objetivo debía ser hacer feliz a su público.
El siguiente paso fue un grupo de funk cuyo primer disco, Head Hunters, se convirtió en el mayor éxito de ventas de jazz de la historia. En este disco se produjo la explosión de la fusión en su vertiente más funky y negra, un disco rítmico y muy bailable, lleno de alusiones a Sly Stone y James Brown, abundante en sintetizadores y sonidos eléctricos. Manejando todos los sintetizadores él mismo, Hancock grabó varios álbumes electrónicos. Sin embargo, en ningún momento abandonó el jazz acústico. Tras una fugaz reunión del Miles Davis Quintet de 1965 (Hancock, Ron Carter, Tony Williams, Wayne Shorter, con Freddie Hubbard en vez de Miles) en el Newport Jazz Festival de 1976, decidieron ir de gira al año siguiente como V.S.O.P. El rotundo éxito del gurpo provocó que Hancock se coronase como un gigante del piano, que la dirección post-bop que Miles había tomado a mediados de los sesenta no se perdiese y que se allanase el camino para el revival de los neo-tradicionalistas, algo que tuvo lugar en los ochenta con Wynton Marsalis. V.S.O.P. continuó reuniéndose esporádicamente hasta 1992.
Hancock continuó con su inquieta trayectoria en los ochenta: consigue un éxito en la MTV en 1983 con el sencillo Rockit (acompañado de video); se une al virtuoso de kora gambiana Foday Musa Suso, dando como fruto un disco en directo de 1986 Jazz Africa; sigue componiendo bandas sonoras para películas y tocando en festivales y giras con los hermanos Marsalis, con George Benson, con Michael Brecker y con muchos otros. Tras su álbum tecno-pop de 1988 Perfect Machine, Hancock abandonó la compañía Columbia (su sello desde 1973) y firmó un contrato con Qwest que se tradujo en pocos resultados artísticos, si se exceptúa A Tribute to Miles de 1992. Finalmente, se unió a PolyGram en 1994 para grabar jazz para Verve y realizar discos de pop para Mercury.
Su álbum River: The Joni Letters, con colaboraciones de Tina Turner y otras divas de la música, fue premiado con el Premio Grammy al Álbum del Año en 2008, hazaña inusual para una grabación de un género minoritario como el jazz.



Selección discográfica


1962: Takin' Off (Blue Note)
1963: My Point Of View (Blue Note)
1963: Inventions and Dimensions (Blue Note)
1964: Empyrean Isles (Blue Note)
1965: Maiden Voyage (Blue Note)
1966: Blow-Up (Blue Note)
1968: Speak Like a Child (Blue Note)
1969: The Prisoner (Blue Note)
1969: Fat Albert Rotunda (Warner Bros.)
1970: Mwandishi (Warner Bros.)
1971: Crossings (Warner Bros.)
1973: Head Hunters (Columbia/Legacy)
1973: Sextant (Columbia)
1974: Thrust (Columbia)
1974: Death Wish (Sony Music Special Products)
1975: Flood (CBS/Sony)
1975: Man-Child (Columbia)
1976: Secrets (Columbia)
1977: Live in Japan (Columbia)
1977: V.S.O.P., Vol. 1 (Columbia)
1978: Sunlight (Columbia)
1978: The Piano (Columbia)
1979: Mr. Hands (Columbia)
1981: Magic Windows (Columbia)
1984: Sound System (Columbia)
1985: Village Life (Columbia)
1986: Jazz Africa [live] (Verve)
1988: Perfect Machine (Columbia)
1994: Dis Is Da Drum (Mercury)
1995: The New Standard (Verve)
1997: 1+1 (Verve)
1998: Gershwin's World (Verve)
2001: Future 2 Future (Transparent Music)
2005: Possibilities (Concord/Hear Music)
2007: River: The Joni Letters (Verve)